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	<title>Eusko Lurra fundazioa &#187; Jagi-Jagi</title>
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		<title>Precursores de la izquierda abertzale: Eli Gallastegi y Aberri.</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2013 14:03:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lurra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gordailua-Artikuluak]]></category>
		<category><![CDATA[Eli Gallastegi]]></category>
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		<description><![CDATA[Josemari Lorenzo Espinosa. Historiador          La primera vez que un nacionalista vasco mostró su solidaridad en público con los comunistas fue en 1923. Un artículo firmado en &#8220;Aberri&#8221; por Eli Gallastegi (1892-1974) reconocía afinidades entre grupos tan dispares como los &#8230; <a href="http://www.euskolurra.eu/precursores-de-la-izquierda-abertzale-eli-gallastegi-y-aberri/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="margin: 1ex;">
<div><a href="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/04/jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-876" title="" src="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/04/jpg" alt="" width="226" height="106" /></a></div>
<div><strong><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">Josemari Lorenzo Espinosa. Historiador</span></strong></div>
<div>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"> <span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        La primera vez que un nacionalista vasco mostró su solidaridad en público con los comunistas fue en 1923. Un artículo firmado en &#8220;Aberri&#8221; por Eli Gallastegi (1892-1974) reconocía afinidades entre grupos tan dispares como los nacionalistas y los comunistas vascos. Y de paso, la existencia de una lucha de clases en el seno de la falsa hermandad nacional, que Comunión Nacionalista Vasca (antiguo PNV) trataba de inocular a sus militantes. El 24 de agosto de aquel año, Gallastegi recogía en su artículo la conmoción y la solidaridad surgida, entre los jóvenes de Aberri, por el asalto de la policía a la sede del Partido Comunista, en Bilbao, y la muerte de dos de sus militantes. <span id="more-874"></span></span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        Hasta entonces el nacionalismo oficial se había movido en la cuasi negación filo-fascista, de la lucha de clases. El banquero Sota dominaba, entre bastidores y talonarios, el fluir del nacionalismo. Sus empresas empleaban preferentemente a los nativos afiliados católicos de buen comportamiento, su periódico &#8211; el Euzkadi- informaba siempre a favor del orden y la moderación, como en el caso de la rebelión irlandesa de 1916. Los huelguistas, si los había, eran seguidores de exóticas doctrinas, ateos, anticatólicos y anti-vascos. No tenía importancia que, ya en 1921, Euskalduna la empresa estrella del millonario afiliado hubiese registrado una sorprendente y nada fraternal huelga. Para el partido y sus ideólogos quien fuese huelguista era un traidor a la necesaria fraternidad nacional. Si además era comunista no podía ser vasco. Y al revés.</span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        Gallastegi y los aberkides rompieron este esquema sacrosanto, al final de una larga serie de desavenencias con los dirigentes del nacionalismo oficial. Primero fue el debate sobre Irlanda. Mientras la línea oficial demonizaba a los revolucionarios de Pascua, por haber tomado las armas contra la ocupación,  justificaba en cambio la sangrienta represión inglesa contra los patriotas de Dublín. Los jóvenes protestaban y exigían el reconocimiento del levantamiento armado de 1916 y no su condena, como estaba haciendo el Euzkadi, periódico oficial del partido. </span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        Después fue la polémica sobre la interpretación del aranismo. Mientras los ideólogos sotistas (Kizkitza, Eleizalde y otros) proponían como finalidad del nacionalismo la reintegración foral, los jóvenes exigían la independencia absoluta de España y Francia. Y denunciaban como una adulteración, la interpretación oficial del falso episodio españolista, atribuido a Arana. Finalmente, después de ser expulsados (1921) y refundar el PNV, surgió el debate inevitable sobre la falsa hermandad nacionalista, que negaba la existencia de diferencias y enfrentamientos sociales, entre Capital y Trabajo. Y sobre el reconocimiento de los derechos obreros, frente a los abusos del capitalismo, que trataba de aprovecharse de esa falsa fraternidad racial.</span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        El marco socioeconómico de este reconocimiento, por parte de Aberri, lo constituye la crisis posterior al final de la guerra mundial (1914-1918). Durante el conflicto, las empresas vascas y españolas, aprovechando la neutralidad del Estado, consiguieron altas cifras de negocio y beneficios. Los armadores, como Sota que fue premiado por Gran Bretaña con el título de &#8220;Sir&#8221; por su ayuda al Reino Unido, y los financieros vascos hicieron fortunas considerables, mandando a sus marinos a la peligrosa tarea de romper el cerco alemán. Todo ello se resintió al terminar las hostilidades, momento que aprovecharon los grandes empresarios para reducir plantillas y salarios, tratando al mismo tiempo de desmontar al joven movimiento obrero. </span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        En un panorama, que recuerda mucho al actual, las grandes empresas tras haber acumulado importantes plusvalías hasta 1919, ven como se reduce su cartera de pedidos y sus negocios. La repercusión es importante en sectores como la minera o la siderurgía, muy vulnerables a la coyuntura y base del desarrollo industrial vasco. Los precios al consumo suben, las clases medias acusan el impacto de la recesión y la proverbial codicia capitalista junto a su no menos habitual incapacidad previsora hacen el resto, en un esfuerzo por mantenerlos sus dividendos. Entre 1920 y 21 se cierran varias minas, Altos Hornos suprime empleos y baja jornales, la marina mercante refugio de muchos obreros vascos, registra miles de parados. Las huelgas de esta época son generales y violentas. En el mismo periodo se produce la escisión de los comunistas de la II Internacional, reflejándose inmediatamende en una similar separación sindical y una mayor radicalización de los comunistas. En este escenario de reacción empresarial y respuesta defensiva obrera, incluso la felicidad laboral de los astilleros Euskalduna bendecida por ELA-STV es interrumpìda bruscamente por una huelga impensable, tanto mas cuanto el empresariado nacionalista creía hallarse a salvo de estas alteraciones, impropias de los buenos vascos.</span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        La prensa, que transmite la ideología dominante de la época, critica y condena las huelgas, las acciones de protesta, los ataques a esquiroles y empresarios. </span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">En esta intoxicación, destaca el periódico oficial del nacionalismo, el Euzkadi, sostenido con el dinero de Sota que también financia el &#8220;amarillismo&#8221; de STV-ELA. De ahí, que el artículo de Gallastegi cayera en los medios conservadores del nacionalismo como una verdadera bomba (150 grs. de amosal, hubiera dicho Atutxa). Las reacciones del partido y las respuestas de los jóvenes nacionalistas pueden seguirse en las hemerotecas de la época y constituyen la primera muestra de una autoconciencia social, clara y determinada por la situación de la época, entre los nacionalistas mas jóvenes. Los aberkides denunciaron el sesgo españolista del capitalismo vasco, que criticaba la solidaridad con los obreros españoles, mientras hacía piña con el capitalismo español. Mostraron abiertamente que sus hermanos no eran solo los vascos, sino cualquier otro represaliado en Irlanda o en España, que luchara como ellos por la libertad social y nacional.</span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">        Gallastegi se indignaba porque mientras los jóvenes comunistas eran acribillados en su sede, la burguesía bilbaina imitaba el glamour extranjero en el afamado paseo de coches de la Gran Vía. Frente a esta fiesta burguesa, llama al asalto de la policía &#8220;Fiesta de luto y sangre&#8221;. En tanto los periódicos de la ultraderecha (La Gaceta) despachaban el trágico suceso con un &#8220;pase lo que pase, la guardia civil siempre tiene razón&#8221;. Gallastegi marcaba sus diferencias con el comunismo, pero destacaba su simpatía con quienes se sacrifican por sus ideales. El mismo fue un idealista romántico. Un joven nacionalista, honesto y certero con lo que veía y denunciaba. Su medida no eran los votos, los escaños de poder, ni la buena acogida de los otros nacionalistas. Su referencia fueron las verdades nacionales y sociales. Su ejemplo, en este y otros casos, marcó una época y un camino. Fue uno de esos jóvenes idealistas necesarios para nuestra historia. Indispensables que surgen cuando parece que todo está perdido.</span></p>
<p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-indent: 0pt;"><span style="font-size: 10pt; text-decoration: none;">         Poco después, en los años treinta, serán los medigoizales del Jagi-Jagi quienes tomarían el relevo social y nacional de Aberri, en medio de otra crisis aún mas dura. Los mendigoizales, desde las páginas de su semanario o en los mítines de aquellos años, reafirmaron el anticapitalismo y la solidaridad social de los nacionalistas jóvenes con la clase obrera. Fue un precedente del movimiento aberztzale de izquierda, que con la fundación de ETA ha sido el eslabón que ha llegado a nuestros días.</span></p>
</div>
</div>
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		<title>Trifón Etxebarria ‘Etarte’ 1912-1998. Biografía de un abertzale</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Mar 2013 22:27:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lurra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Argitalpenak-Publicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Jagi-Jagi]]></category>
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		<category><![CDATA[Trifon Etxebarria]]></category>

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		<description><![CDATA[Trifón Etxebarria ‘Etarte’ 1912-1998. Biografía de un abertzale, es un libro no publicado hasta hoy y escrito por los historiadores Josemari Lorenzo Espinosa y Eduardo Renobales. Este escrito llena parte de la laguna de la Memoria Histórica en lo referente &#8230; <a href="http://www.euskolurra.eu/trifon-etxebarria-etarte-1912-1998-biografia-de-un-abertzale/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Etarte1.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-666" title="Etarte" src="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Etarte1-124x150.jpg" alt="Etarte" width="124" height="150" /></a><em>Trifón Etxebarria ‘Etarte’ 1912-1998. Biografía de un abertzale</em>, es un libro no publicado hasta hoy y escrito por los historiadores Josemari Lorenzo Espinosa y Eduardo Renobales. Este escrito llena parte de la laguna de la Memoria Histórica en lo referente al Jagi-jagi y a la resistencia abertzale clandestina. Un relato biográfico de Trifón Etxebarria ‘Etarte’, que nos dejó a los 86 años de edad y el mismo día que el fascismo español asaltaba militarmente las instalaciones de Egin. Nos adentraremos en una época oscura en la historia de nuestro pueblo a través de la figura de un militante abertzale íntegro en  una lectura que nos ayuda a comprender algunas claves del pasado reciente del movimiento abertzale  y nos deja enseñanzas de cara al presente y el futuro.<span id="more-663"></span></p>
<p><a title="Trifon Etxebarria, Etarte" href="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Etarte-Lorenzo-Renobales.pdf">LEER LIBRO Trifón Etxebarria ‘Etarte’</a></p>
<p><a href="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Jagi-Jagi.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-667" title="Jagi Jagi" src="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Jagi-Jagi.jpg" alt="Jagi Jagi" width="226" height="106" /></a><em>En nombre de los hombres prisioneros</em><br />
<em>Y de nuestras mujeres deportadas</em><br />
<em>En el de todos nuestros camaradas</em><br />
<em>Martirizados y masacrados</em><br />
<em>Por no querer reconocer la sombra</em><br />
<em>Debemos nuestra cólera encauzar</em><br />
<em>Y hacer que el hierro se levante</em><br />
<em>Para guardar la imagen alta</em><br />
<em>De los sin culpa acorralados</em><br />
<em>Que triunfarán en todas partes</em><br />
<em>Por no querer reconocer la sombra</em><br />
<em>Paul Eluard</em></p>
<h2>INTRODUCCIÓN<br />
Con la luz a cuestas / Por no querer reconocer la sombra</h2>
<p>Algún día no habrá nacionalismo ni partidos nacionalistas que quieran la independencia. Llegará una vez en que no sean necesarias las banderas de la autodeterminación, porque la historia la escribirán pueblos libres junto a otros pueblos igualmente emancipados. Un amanecer tal vez, la llave de la libertad cerrará el cajón de la esclavitud y los nacionalismos serán cosa del pasado. Los hombres y mujeres de esta tierra, podrán dedicarse entonces a construir una sociedad libre en una patria libre, poblada de seres humanos que ya poseen y respiran lo que tanto desearon sus antepasados. Cuando se alcance ese momento, los nacionalistas históricos habrán visto cumplirse su anhelo y pagado su sacrificio. Su lucha y su luz serán entonces gloriosos anhelos en el recuerdo de las gentes y los pueblos, cuando estos vuelvan hacia ellos la memoria gracias a la vida escrita de los hombres libres.</p>
<p>Trifón Etxebarria “Etarte” vivió ochenta y seis años entre nosotros. Siendo casi un niño empezó a comprender la sinrazón de las relaciones humanas, observando la dureza de la vida obrera y las injusticias sociales contra los mineros vizcaínos. A los dieciocho años abrazó la causa patriota y desde entonces dedicó cada minuto de su vida, cada día de cada año, a militar de manera ferviente en aquello en lo que creía. A su lado, junto a él, entre sus amigos y enemigos, deambuló constantemente la sombra de la injusticia, de la duda o de la traición. Etarte nunca reconoció su lobreguez, negó su falsa comodidad y cantos de sirena en los que se enrolaron muchos de su época.</p>
<p>En la experiencia vital de Etarte podemos distinguir varias etapas. La primera es la de sus escritos y militancia de juventud. Marcado por un apreciable radicalismo socialcristiano y aranista, este periodo se sitúa en los artículos y colaboraciones en el semanario Jagi-Jagi, desde 1933 a 1936. Tres años intensos y cruciales para el desarrollo de su primer pensamiento, que guarda una estrecha relación con las enseñanzas sociales de la Iglesia y el periplo progresista que se abrió a finales del XIX, con León XIII y su Rerum novarum. Conceptos y lenguaje del cálido periodo de preguerra, cuando todavía el nacionalismo era racial y la Iglesia no había caído en el descrédito galopante a que la condujo el pontificado de Pío XII y su colaboración con la dictadura y el fascismo.</p>
<p>Desde 1934, después de que Eli Gallastegi dimitiera como afiliado del PNV y en la práctica se alejara de la redacción del Jagi, Etarte fue quien le sustituyó como articulista político y se convirtió, de facto, en el escritor más leído del jagijagismo. En los años finales de Jagi-Jagi, junto a Etarte estuvieron en el semanario Kandido Arregi, Ángel Agirretxe, Manu de la Sota, Polixene Trabudua, Adolfo Larrañaga, Lauaxeta, Itxaso o Pedro Basaldúa, entre otros. Hasta julio de 1936 sería uno de los principales redactores del semanario y cuanto este desapareció al iniciarse la guerra, fue el director y editor, además de su polemista más habitual, del periódico Patria Libre, el informativo que leían en las trincheras los gudaris independentistas.</p>
<p>Etarte pasó la mitad de su vida bajo el régimen franquista, como buena parte de su generación. Es esta una segunda etapa dentro de su actividad y militancia. En ese tiempo, estuvo en la cárcel durante siete años. En una ocasión con una condena a muerte. Después fue constantemente detenido, expedientado, multado, fichado y perseguido por su participación en la resistencia vasca desde el final de la guerra o, simplemente por ser nacionalista, como otros muchos. Durante los años sesenta, en plena persecución franquista, Etarte editó y escribió en la revista Enbor y retomó en la clandestinidad la dirección de los Mendigoizales. Poco a poco, contando con la ayuda de muchos compatriotas y el abandono de otros, fue reconstruyendo las viejas estructuras de comunicación, relación y activismo, en medio de las enormes dificultades impuestas por la dictadura.</p>
<p>Tras la muerte de Franco, se abre una tercera etapa en su vida, y podemos verle colaborando en primera línea de las originarias Gestoras Pro-Amnistía. Al mismo tiempo que agrupaba y coordinaba a losmiembros del Jagi que continuaron manteniendo estructuras, reuniones, publicaciones y otras actividades, hasta que con la creación de Herri Batasuna algunos decidieron formar parte, de manera individual, de la coalición abertzale.</p>
<p>A lo largo de su vida y junto a otros muchos, Etarte soportó entre sobresaltos esperanzas los peores momentos de la vida de Euskal Herria, después de haber forjado los ideales de su juventud en un periodo de crisis social y política – los años veinte y treinta – sin comparación en el siglo XX. Finalmente, su memoria y su ejemplo le han sobrevivido porque siempre sostuvo el surco firme de la fidelidad a los principios y por el caminó con la luz a cuestas, negando la oscuridad de la traición y el colaboracionismo, que amenazaban con ocuparlo todo.</p>
<p>El de Etarte fue un nacionalismo sencillo y claro, pero ardiente, bebido en las fuentes de Sabino Arana y en el ejemplo de luchadores como Eli Gallastegi. De ellos recogió las brasas y nos las trajo encendidas hasta hoy. Fue un sentimiento nacional de principios y convicciones sólidas, que arrancan del más elemental de ellos: el deseo de libertad e independencia. Ningún nacionalismo merece tal nombre si no está regido por el afán de emancipación, sin condiciones políticas, sin matices que la enturbien. Este principio, tal como sostenía Etarte, no sólo es irrenunciable, además está fuera de cualquier negociación. La libertad, ya sea personal o colectiva, no se mercadea. No entra en el juego político de la oferta y demanda como una mercancía. La autogestión de los pueblos,y su paralelo político la independencia, pertenecen al pabellón de los derechos, las emociones y sentimientos profundos, cuyo disfrute racional no puede ser hurtado por nadie. Cualquier limitación o adjetivación que de ella se haga, bajo el pretexto de más alta precaución e interés, constituye una manipulación de sus contenidos.</p>
<p>La facultad de poder decidir, individual o de los pueblos, es la mejor adquisición espiritual que la humanidad ha podido alcanzar en su evolución natural. Utópicos y prácticos coinciden en el fondo de esta apreciación. El reino de la libertad es el objetivo y la meta universal del hombre como tal. Y, dentro de ella, la promesa de las naciones, los colectivos y las personas. Se organicen éstas como quieran, en estados, tribus, familias o individuos. La libertad política de los pueblos, que así la reclaman, no tiene escalas autonómicas, ni puertos extranjeros de desembarque, ni anticuerpos estatutarios “regalados” por el invasor. Ni menos aún, coaliciones con el ocupante. Porque la liberación que reclaman los independentistas procede de la percepción del ser humano sobre sus necesidades como individuo y como pueblo, pero también sobre su dignidad. Y esta conciencia es, de suyo, un derecho inalienable.</p>
<p>Muy distinta es aquella “libertad” global que precisa la burguesía y que busca conformar un mercado apátrida, puesto que para ella es simplemente la culminación formal de un poder económico. La libertad de los pueblos se basa en el derecho político a disponer de sí mismos y a defenderse de los invasores, aunque coincida en conceptos teóricos utilizados por la burguesía revolucionaria, no acusa su determinación económica. En este caso, la superestructura ha volado fuera del nido mecanicista y los individuos aspiran a su independencia, no para poder cambiar, comprar o vender mercaderías nacionales sino para estar de acuerdo consigo mismos y poder disfrutar con el desarrollo de su identidad y cultura. Desde estas opciones, si alguien cree que la soberanía, y sus derechos políticos, son un objetivo al que se puede llegar por caminos torcidos no debería olvidar algo concluyente: El final nacionalista tiene un principio – la independencia individual y colectiva – que condiciona todo el camino. La norma y la forma independentista deben presidir no sólo el horizonte sino cada paso inmediato. Porque quien empieza por perder las maneras, termina por olvidar el fondo.</p>
<p>Trifón Etxebarria, no fue otra cosa que uno de tantos patriotas vascos que ha tenido esto en cuenta durante el transcurrir de su vida. De diversas maneras, con adaptaciones obligadas al terreno, con cambio de lenguaje y entonación, pero siempre por el mismo surco a lo largo de los años. Para él, para ellos, “ser” en Euskal Herria ha sido ser nacionalista y querer ser independiente, independentista. Lo demás, lo “otro”, era mejor o peor, más fácil y más cómodo o más inteligente, más posible y menos utópico… Según los casos. Pero no era la misma libertad.</p>
<p>Etarte, testigo del siglo XX, ha visto reproducirse una y otra vez en el seno del nacionalismo la claudicación de los prácticos, de los inquietos por la suerte del Estado y su estabilidad, de los del orden establecido. Ha conocido actitudes autoritarias, en nombre del posibilismo y en contra de la libertad, ha padecido los diktak del partido, el estalinismo de derechas, la sumisión al poder y el darwinismo político entre sus propios compatriotas. Ha sufrido, desde su conciencia cristiana, el espectáculo dela injusticia, la explotación ejercida por unos vascos contra otros. Ante ello, su reacción ha sido siempre la misma: un ejemplo de fidelidad a los ideales y principios.</p>
<p>Incansable trabajador de todos los días, su militancia no decayó en los peores momentos, en los momentos de dudas, ante los designios confusos y desviados. Sin necesidad de tener un cargo oficial, un salario político, una prebenda de nadie, supo siempre qué hacer. Por eso, tal vez, su forma de militar coincidió en los momentos más difíciles con la cárcel y el dolor del pueblo. Y siempre con los bancos de la oposición. Porque en ella estaban las causas de la justicia social y económica, la independencia o la libertad, que abrazó como suyas cuando se hizo nacionalista, en el instante que tomó conciencia del problema vasco, en sus vertientes política y social, desde los años de la dictadura de Primo de Rivera; sólo era un adolescente de dieciocho años.</p>
<p>Hombre sin egoísmos particulares, partidario de la organización y el trabajo solidario, también supo dimitir cuanto estaba convencido de que el PNV, que habían reconstruido los de Aberri en 1921, se había desviado de los principios nacionalistas. Etarte, con otros mendigoizales, presentó su baja en el Partido Nacionalista Vasco en 1934, después de la salida y las denuncias de Eli Gallastegi, cuando el pacto Agirre-Prieto por el Estatuto atenazaba cualquier perspectiva de independencia y amenazaba con separar a los hermanos dejando fuera a Nabarra. Luego, la guerra y la derrota trastocaron la evolución normal de las relaciones políticas vascas y después el duro exilio, la cárcel o la persecución intentaron ahogar el vacilante pulso nacionalista.</p>
<p>En aquel nacionalismo del destierro, desunido y disperso, oficialmente amarrado a los restos del naufragio republicano español, no todos supieron tomar el rumbo adecuado y muy pocos siguieron aferrados a los principios auténticamente nacionalistas. Trifón fue uno de ellos, con todas sus consecuencias. Con sus compañeros de lucha, de cárcel o de calle se negó a profesar las sombras de la traición, la comodidad o la pereza. Con la luz a cuestas recorrió una vida llena de dignidad. Y lo hizo con los hombros erguidos y la frente alta, porque la luz y la verdad no pesan, sino que se llevan con confianza al relevo que las personas como él aseguran en los pueblos como el nuestro.</p>
<p>Eso supo, eso pudo…<br />
Así nos lo hizo saber y así le recordará la historia.</p>
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		<title>Angel Mentxaka, in memoriam</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Mar 2013 20:52:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lurra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oharrak-Comunicados]]></category>
		<category><![CDATA[Angel Mentxaka]]></category>
		<category><![CDATA[Jagi-Jagi]]></category>

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		<description><![CDATA[ Angel Mentxaka gudaria joan zaigu! Con el fallecimiento de Ángel Mentxaka a sus 103 años, perdemos una de las últimas voces que nos trasmitían, con increíble lucidez,  la experiencia personal y colectiva que supuso para los vascos de su generación &#8230; <a href="http://www.euskolurra.eu/651/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Gudari_3.gif"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-659" title="Gudari_3" src="http://www.euskolurra.eu/wp-content/uploads/2013/03/Gudari_3-150x150.gif" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p><strong> Angel Mentxaka gudaria joan zaigu!</strong></p>
<p>Con el fallecimiento de Ángel Mentxaka a sus 103 años, perdemos una de las últimas voces que nos trasmitían, con increíble lucidez,  la experiencia personal y colectiva que supuso para los vascos de su generación el terrible trauma de la guerra del 36. A pesar de su edad mantenía el recuerdo de aquellos momentos vivo en su pensamiento y así lo trasmitía a aquellos que tuvimos la fortuna de poder escuchar sus palabras.</p>
<p>Y conservaba no sólo el recuerdo de la tragedia sufrida si no también un espíritu que no se doblegó a pesar de los castigos recibidos y que hablaba de justicia social, de libertad y de Euskal herria.</p>
<p>Hizo la guerra en el batallón mendigoxale de <em>Lenago Il,</em> cayó prisionero y pasó, desde el penal de Santoña, por diferentes centros de internamiento, para acabar en un batallón de trabajadores teniendo que colaborar en la industria que los franquistas utilizaron para ganar la guerra desde su experiencia profesional como obrero de la Naval de su pueblo natal Sestao.</p>
<p>Se nos ha ido un referente, pero atrás ha dejado un legado de honestidad, sacrificio y generosidad, un ejemplo de militante abertzale.</p>
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<p>Eduardo Renobales. Colaborador de Eusko Lurra Fundazioa.</p>
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